HABLAN LOS MISIONEROS

Jalapa, a 18 de octubre de 2010

 

 

Podemos afirmar con cierta seriedad que ya hace un año que llegué por estas tierras. Es verdad que viajé por el mes de enero, pero entre lo que llevo de año y lo que pasé aquí el año anterior, ya me paso del año.

Tengo que confesar que los seis meses que viví en estas tierras el año anterior fueron más movidos que los presentes. En aquel entonces viajé por distintos lugares para visitar las distintas casas donde las hermanas de la Congregación Marta Y María trabajan por amor al Evangelio. Fueron varios: Cuba, que recuerdo con mucho cariño; Venezuela, Honduras y, por supuesto, Guatemala. En Guatemala visité las casas donde ellas tienen alguna labor apostólica como Jalapa, Esquipulas, Sansare, Mazatenango, San Agustín, Jutiapa y también tuve la oportunidad de poder dirigir y asistir a dos misiones populares en El Adelanto y en el Amatillo, donde los laicos me pidieron que les impartiera un curso bíblico que se redujo a una semana intensiva, pero muy nutritiva. De esta aldea tengo muy gratos recuerdos, pues su gente está muy sedienta de Dios. Nada más llegar, ya me estaban esperando para que les confesara. Esto fue a las 9 de la mañana y duró hasta las diez de la noche y la mañana siguiente. De todo: jóvenes, de mediana edad, niños y ancianos. Además la fervorosa misa que viví con ellos esos días y la visita a los enfermos. En esa aldea hay varios grupos de apostolado y uno de ellos se dedica a atender a los enfermos: cada domingo les llevan la comunión. Son más de una docena, pero para visitarlos se dedica toda una mañana saliendo de la Parroquia a las 7 de la mañana. Los pobres enfermos llevaban años sin confesar. El padre no debe de tener tiempo, pues regenta unas cuarenta aldeas. Para finalizar la misión, como era el 13 de mayo organizamos una romería en honor de la Santísima Virgen. Empezábamos en los límites del pueblo con el vecino y de misterio en misterio, hacíamos una pausa para representar con niños, jóvenes y adultos algún misterio de la Santísima Virgen o de sus apariciones, como Lourdes, Guadalupe, etc. Pero a este inexperto misionero se le ocurrió la víspera anterior bendecir los campos y entregar a algunos labriegos unas cruces de palo para que las enterrasen en sus campos. La sorpresa fue que…. tuvimos una procesión pasada por agua. Teníamos que haber empezado a las tres de la tarde. Ya todo estaba preparado cuando de repente, se cubren los cielos y empieza a caer un aguacero. ¡La gente no se movía! Estaban tan agradecidos a Dios por la lluvia, que se sentían felices mojándose. Entonces agarré a todos los niños y los hice poner a mi alrededor y les dije: A la voz de ya, empezamos a gritar y a correr hacia la Iglesia. Aquello fue de locura. Todos empezaron a correr y hasta las abuelitas nos adelantaban. Era divertidísimo. Cuando llegamos a la parroquia, toda estaba llena y empezamos a rezar el Rosario allí y a tener allí mismo las representaciones. Salió precioso. Rezamos el Santo rosario, lo cantamos y al final, celebré la Santa Misa. Eran las diez de la noche y no había manera de que aquella gente dejara la Iglesia. Querían que les hablara más y más de la Santísima Virgen. Pero les mandé a la cama y como buenos hijos obedecieron. La sorpresa fue mía cuando a las cuatro de la mañana del día siguiente empecé a escuchar cantos por la calle. Pensé que eran algunos jóvenes borrachos. Pero qué va. Era medio pueblo que ya estaba aparejando sus animales y sus aperos para ir a sembrar café. ¡Qué iba a hacer! Pues levantarme, asearme e irme al templo. Celebré la Misa, desayuné y ¡hora de irse! Y… no podía faltar el comité de despedida: el señor alcalde, el director de la escuela, el sacristán, y muchos niños. Unas niñas se abrazaban a las Hermanas y oí alguna que le decía: ¿”Vendrás a buscarme? Yo quiero ser monjita como tú para hablar a la gente de Diosito lindo”.

Este año no he tenido tantas oportunidades de hacer estos menesteres apostólicos. Me he dedicado más a lo que venía: a la formación espiritual y doctrinal de las hermanas. Como son tantas, pues casi me lleva dos semanas confesarlas, más las clases, más las misas, más retiros (en Ejercicios Espirituales casi he estado tres meses). Pero de todas maneras hemos hecho alguna cosa por aquí extra como la visita que hicimos al basurero. ¡Qué horror! Esas familias viven en lo que aquí llaman el basurero y es, pues eso, un basurero donde la Municipalidad tira las basuras. Familias pobres, paupérrimas, se hacen con cuatro palos una barraquita y buscan entre las basuras cosas para comer y para vivir. Nos privamos de una comida y se la llevamos, además de algunos juegos con los niños y un poquito de catequesis. Proyectamos hacer más cosas, pero de momento, no podemos hacer mucho más. Otro extra ha sido la visita a las cárceles, de varones y de mujeres. A la de mujeres no he ido todavía, porque ellas no solicitan mi entrada para confesiones y para que les celebre la Misa. Luego dicen que las mujeres son más piadosas... La verdad es que, en la cárcel de mujeres, abundan mucho las que pertenecen a las sectas. En la de los hombres viven hacinados unos 60 y confieso a los que lo solicitan. Están atentos a todo. Mientras yo les confieso, las hermanas les dan alguna que otra charla, les enseñan cantos y a rezar. Para Semana Santa me decía el “capo” de ellos: Padre, usted que puede trabajar con jóvenes, dígales que hagan las cosas bien y que sean honrados, que aquí se pasa muy mal. Si no fuera por estos ratos que tenemos con ustedes. Con los jóvenes del Liceo que regentan las Hermanas en Jalapa recogimos unas limosnas y les regalamos un santo Cristo para que tengan alguna imagen en el cuarto donde se reúnen todos los sábados, y algunos todos los días, para rezar el Rosario. ¡Es impresionante! Las hermanas van cada semana a impartirles el Catecismo. Yo suelo ir una vez al mes.

Con los jóvenes del Liceo tenemos la Misa una vez al mes y como son tres turnos: mañana, tarde y noche, pues tres misas. Y entonces, voy al Liceo para atender confesiones. Entre los tres turbos serán unos 500 jóvenes, aunque no todos se confiesan, pero resulta una distracción. Por el mes de septiembre tuvimos una Jornada, como las “24 horas con Cristo” que hacemos en el Colegio. Estuvo interesantísima. Yo, además de mi charla y de la Santa Misa, estuve confesando todo el santo día. ¡Qué fervorosos esos muchachos! Y al día siguiente las muchachas. Se llenaron de entusiasmo y han pedido a las hermanas formar un grupo juvenil liceísta. ¡Bendito sea Dios!

Otro tema es Venezuela. Es el único país que he visitado este año. Fui para celebrar la Semana Santa y a primeros de septiembre. En la primera ocasión tuvimos el retiro de año de las Hermanas y luego un retiro con varones y otro con mujeres. Verdaderamente agotador. Pero apostólicamente estupendo. Ya es el segundo que organizamos, pues el año pasado ya lo hicimos. En septiembre, fui para impartir una semana de formación bíblica a laicos y a las Hermanas. Acudieron unas 40 personas y después organizamos una misión en el pueblo donde tienen las hermanas la casa Madre de Venezuela, en san Pedro de los Teques. Por la mañana salíamos por las casas para visitar a las familias y convocarlas para el acto de la tarde, que era un teatrillo, una catequesis anti-sectas, rezo del Rosario, confesiones y Santa Misa. Los teatrillos los preparaban unos chicos de diez y once años que quieren ser sacerdotes, pero “chipén de la chipén” –como diría la Lola Flores-. ¡Qué muchachos! Habían participado en las charlas bíblicas que habíamos dado la semana anterior y se habían aprendido las citas y los argumentos de memoria, de manera que dejaban sin palabras a cualquiera. Verdaderamente se cumple eso de que “de la boca de los niños….” Una linda labor. El párroco estaba entusiasmado. Con 70 años y dos infartos, hacía ya tiempo que no veía la Iglesia tan llena. ¡Pobrecillo! Los domingos apenas se le juntan 20 personas en la Santa Misa. Y en estos días, unos 300 y en diario.

Después nos fuimos para Valencia, a unos 100 kilómetros, para juntarnos con los jóvenes –unos 40-. ¿Para qué? Curso de formación cristiana y consolidación de los jóvenes –ellos y ellas- que habían salido de los retiros que habíamos celebrado anteriormente. Se entusiasmaron tanto que para el año próximo han elegido ser ellos los organizadores: jóvenes que evangelizan jóvenes. ¡Bendito sea Dios! Después nos fuimos con las hermanas a airearnos un poco, a Trujillo. Allí se ha levantado una imagen de la Virgen María, le llaman la Virgen de la Paz. Les cuento un poquito los detalles de esta extraordinaria escultura.

Según cuentan los aldeanos, en el cerro llamado Peña de la Virgen, fijada a finales de los años 1550, apareció la imagen de la Virgen María a varios vecinos del pueblo de Carmona. Con facciones muy originales y un gran ánimo de juventud, la joven aparecía caminando por las tardes a comprar velas para su lumbre, y fue en una pulpería donde unos hombres le preguntaron: ¿por qué anda sola? y ella les respondería: «sola no, sino con Dios, el sol y las estrellas». Otra versión de la respuesta es: «hijos no se les olvide que ando con Dios, mi protector». Al seguirle los pasos, los vecinos observaron que se ocultó entre una roca y de inmediato comenzaron a observar algunos destellos en la peña y descubrirían entonces que no era una joven mortal que vivía en la comunidad, sino que era la Bienaventurada Virgen María.

En 1568 nombran a la Virgen de la Paz patrona espiritual de la ciudad y en 1960 la erigen patrona de la diócesis. Por los años ochenta del siglo pasado, el presidente de Venezuela, entonces don Luis Herrera Campins, pide erigir en aquel lugar una imagen que bendijera toda aquella región. El escultor Manuel de la Fuente junto con el ingeniero Rosendo Camargo se ponen manos a la obra y queda terminada e inaugurada en diciembre de 1983. El monumento está ubicado a una altura de 1600 m. sobre el nivel del mar, a unos 11 km al suroeste de la ciudad de Trujillo. Con 46,72 metros de altura, 16 metros de ancho, 18 de profundidad en la base y unas 1200 toneladas, es la escultura habitable más alta de América, siendo algunos centímetros más alta que la estatua de la Libertad. Digo habitable, porque conforme se suben las escaleras internas se pueden visitar cinco miradores, desde donde se pueden observar, en un día claro, casi la totalidad del Estado Trujillo, parte de la Sierra Nevada de Mérida y de la Costa Sur del Lago de Maracaibo. Una verdadera maravilla.

Y sigo por aquí, en Jalapa, en el Noviciado con mis 80 novicias, el grupo de formadoras, las postulantes y las aspirantes. Confesiones, clases, misas, retiros, formaciones permanentes, etc. En estos momentos, en los trabajos propios de un capellán de religiosas.

Y por hoy, poco más. Un fuerte abrazo. Y que Dios los bendiga.

 

P. Javier Andrés Ferrer, mCR

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