BREVE NOTICIA
Con sumo gusto atiendo a la petición que se me ha hecho desde distintos lugares, de componer un breve escrito que dé a conocer a nuestros amigos, bienhechores y vocaciones misioneras, qué es y qué apostolado realiza nuestra mínima Sociedad Misionera de Cristo Rey.
Desde hace bastantes años, al calor de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, un nutrido grupo de jóvenes impelidos por la vocación misionera le presentamos al Sr. Obispo D. José Guerra Campos, a la sazón Obispo de Cuenca, nuestras ilusiones apostólicas. Nos recibió con gran caridad en su diócesis y después de unos años de prueba y habiendo ordenado ya de sacerdotes a un buen número de nosotros, en 1994 erigió en su diócesis la Sociedad Misionera de Cristo Rey y aprobó sus Constituciones.
Estas páginas tienen una introducción doctrinal que fija el espíritu de nuestra Sociedad Misionera. Incluyen después una breve nota sobre nuestra configuración eclesial y a continuación el resumen de los trabajos apostólicos que desarrollan hoy nuestros sacerdotes. Hay, finalmente, una página para exponer la manera práctica de ayudar y colaborar con nuestra Sociedad Misionera.
Al pedírsenos que nos hiciéramos cargo de un nuevo campo misional en la nación hermana del Perú se me solicitó una entrevista para la Revista AVE MARÍA a mi regreso de América. Incluyo la misma, así como la que se hizo también a la Doctora en medicina Mª del Carmen de Fuentes Guillén que tuvo la gentileza de acompañarme a aquellas tierras. Ambas entrevistas dan una dimensión humana y alegre del trabajo apostólico al que se nos llama en el nuevo milenio. Dios sea loado.
Que el Sacratísimo Corazón misionero de Jesús y el Corazón maternal de su bendita Madre, Madre de la Iglesia, hagan que estas sencillas páginas sean un pequeño instrumento para la dilatación de la santa fe católica y el incremento de vocaciones misioneras.
Antonio Turú Rofes m.C.R.
Superior General
Es un hecho doloroso que la mayor parte de
los hombres viven hoy alejados de Dios y de la Iglesia. Casi toda la manera de
pensar y vivir y la vida pública se separan cada vez más de la fe cristiana.
En muchos lugares se ha llegado a la apostasía general, incluso a la
subversión completa del orden natural y de la ley natural impresa por Dios en
la naturaleza humana.
En esta situación del mundo contemporáneo, tan necesitado de evangelización,
nace la Sociedad Misionera de Cristo Rey. Esta Sociedad Misionera no tiene otro
deseo que trabajar con todas sus fuerzas para que de nuevo la vida privada y
pública vuelva a conformarse con el Evangelio y que todos los hombres, llamados
a la vida divina, vuelvan a Cristo como miembros vivos de la Santa Iglesia.
Por ese motivo la Sociedad Misionera de Cristo Rey quiere consagrarse a la
evangelización y recristianización de los hombres, de las familias, de toda la
sociedad humana, con un afán universal, ya que el bien cuanto más universal es
más divino. No está circunscrita en su apostolado a una diócesis, región o
nación, sino que su fin es el de la Iglesia universal. Su espíritu misionero
la lleva a seguir la voz del Papa y de la Jerarquía católica, para trabajar en
cualquier parte del mundo donde sea más necesario su apostolado. El Papa actual
acaba de repetirnos en el domingo de Pentecostés: "El empeño
misionero no tiene plazos e implica a todos los miembros de la comunidad
cristiana, hoy como en los comienzos de la Iglesia".
La Sociedad Misionera de Cristo Rey desearía ser para nuestro tiempo como un
don del Corazón misionero de Jesús. La regla primera que define su espíritu
dice así: "El fin de nuestra Sociedad Misionera es, no solamente
atender a la propia perfección cristiana sino con la misma gracia divina,
procurar intensamente la santificación del prójimo en cualquiera parte del
mundo donde se espera más servicio de Dios".
La Sociedad Misionera de Cristo Rey es un
Instituto de Vida Religiosa Consagrada en formación, de
Derecho Diocesano. Fue
erigida en la diócesis de Cuenca y aprobadas sus constituciones el 29
de
septiembre de 1994, en la fiesta de los santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y
Rafael, por el Sr. Obispo de Cuenca D. José Guerra Campos.
Todos los miembros de la Sociedad Misionera de Cristo Rey viven la vida de
perfección evangélica según sus reglas y Constituciones. Tras los años de
prueba que señala la Santa Iglesia la Sociedad Misionera podrá ser de Derecho
Pontificio.
La Sociedad Misionera de Cristo Rey es una Sociedad sacerdotal de vida apostólica, pero admite también a miembros seglares que busquen la perfección
evangélica, según el espíritu de la Sociedad, vivan su mismo fin misionero y
colaboren con la Sociedad en su apostolado, conforme a sus reglas particulares y
bajo su obediencia.
Nuestros sacerdotes trabajan en la
actualidad en:
Catorce parroquias en la serranía de Cuenca y tres parroquias en la Mancha, de la misma diócesis conquense.
Una Escuela Apostólica para la formación y el fomento de vocaciones misioneras. En ella completan los candidatos los estudios de enseñanza media y los estudios de Filosofía y Espiritualidad. Los estudios de Teología los realizan en los seminarios diocesanos o en las universidades eclesiásticas según las indicaciones de los señores obispos.
Un Colegio de enseñanza, gestionado por la Fundación Padre Piulachs que depende de la Sociedad Misionera, cuyo nombre es el de Corazón Inmaculado de María. Se imparten en él desde los estudios primarios hasta el ingreso en la universidad o el mundo del trabajo. Los alumnos matriculados son 500. (Tanto la Escuela Apostólica como el Colegio, están situados en pleno campo, en la villa de Sentmenat muy próxima a Barcelona).
La Asociación Unión Seglar de San Antonio María Claret, para familias. Asociación Juvenil San Luis Gonzaga y congregación mariana "María Reina y Madre" para jóvenes.
Catorce turnos de Adoración Nocturna, misiones populares y ejercicios espirituales, catequesis...
Colonias infantiles y campamentos durante el verano.
La revista AVE MARÍA, que es la revista mensual mariana de mayor difusión en lengua española.
El Sr. Obispo de Huancavelica, en el Perú central, ha encargado recientemente a los Misioneros de Cristo Rey la parte sur de su extensa diócesis para que comiencen su apostolado en el año 2000.
¿Cómo surgió su viaje al Perú?
Al conocer Monseñor Demetrio Molloy, Obispo titular de la diócesis de
Huancavelica, la existencia de nuestra Sociedad Misionera, deseó que
personalmente fuera yo mismo para conocer su extensísima diócesis y proponerme
sobre el terreno la colaboración que podríamos ofrecerle.
¿Ha sido fructuosa su ida en ese
sentido?
Muchísimo. He conocido suficientemente aquel inmenso campo de trabajo
apostólico. Y sobre todo he podido apreciar in situ lo que por teléfono me
adelantaba el señor Obispo: "Piense<%0> usted -me decía-, que la
demarcación territorial que en España pueden atender dos sacerdotes, en mi
diócesis necesita cuatro...". Realmente tiene razón el señor Obispo. La
diócesis está enclavada en el centro de los Andes, con carreteras sin
asfaltar, con muchísimas curvas y teniendo además que estar continuamente
subiendo y bajando montañas. Todo ello hace que los traslados de un lugar a
otro se hagan largos y laboriosos, y con el añadido importante de que la
diócesis sólo tiene 17 sacerdotes para atender 500.000 almas diseminadas en
21.500 Km2<D>.
Por lo que me dice hay mucha escasez
de sacerdotes.
En efecto, si de los 17 sacerdotes que le decía descuenta los mayores de 70
años, que son bastantes, los que tienen encomendada la tarea de formación en
los seminarios Menor y Mayor de la diócesis y la atención de la ciudad de
Huancavelica con 35.000 habitantes, con sus colegios y comunidades religiosas,
los que quedan libres para misionar y atender al resto de población son
poquísimos.
¿Qué soluciones se pueden dar a tan
enorme escasez de sacerdotes?
Un día el señor Obispo, antes de acompañarme por las zonas que me
ofrecía, me dijo sobre el mapa: "Mire usted, P. Turú, todo este espacio
del sur de mi diócesis, es para ustedes. Llevan más de 20 años sin
sacerdotes. Prediquen, casen, catequicen, visiten los enfermos, atiendan a los
niños, sean padres de todas estas docenas de miles de almas que hoy no tienen
quien les hable de Jesucristo y de la Madre que tenemos en el cielo, la Virgen
Santísima". Se emocionaba cuando me hablaba en estos términos. No era
para menos.
Así pues, ¿usted ya se ha
comprometido a ayudarle?
Una llamada semejante es del mismo Jesús. Precisamente en nuestras
Constituciones se nos dice que tenemos que poner especial atención en la
evangelización de América, a la que el Papa ha llamado el Continente de la
Esperanza de la Iglesia. Es verdad que allí hay más pobreza material que entre
nosotros y que el nivel de vida es más bajo, pero hay una cosa en la que nos
superan: son más humildes y reciben al sacerdote con veneración. Y son más
ricos en fe y en la felicidad de sentirse cristianos.
La Sociedad Misionera que usted
dirige, ¿se hará cargo prontamente de esa misión en Perú?
Muchos de nuestros jóvenes sacerdotes ansían ser destinados a los lugares
más desamparados de cultivo espiritual. Algunos dicen que en España hay un
trabajo inmenso y tienen razón. Pero si vieran la urgencia del trabajo que se
abre allí, cambiarían de opinión. En España, mejor o peor, en estos momentos
están atendidas todas las parroquias. No creo, sinceramente, que haya ningún
caso como el que le decía, que llevan 20 anos sin que un sacerdote les atienda.
¿Fue el fundador de la Sociedad el
señor Obispo Guerra Campos?
Durante muchos años trabajaron en sus diócesis sacerdotes nuestros. Yo
mismo le regí tres parroquias durante seis años. Después de conocernos a
fondo decidió dar entidad eclesiástica a nuestro ideal misionero y erigió la
Sociedad y aprobó sus constituciones, para poder ejercitar el apostolado en
todas partes. Muchos de los actuales sacerdotes se han formado en su seminario y
él mismo quiso venir a morir en nuestra Escuela Apostólica. El doctor Guerra
amó mucho nuestra Sociedad Misionera, confió en ella y deseó que se
engrandeciera su noviciado y casa de formación. Desde el cielo nos lo
conseguirá.
¿Tienen vocaciones para ustedes?
Tenga usted presente que hace muy pocos años que hemos comenzado, con gran
pobreza de medios y hasta con alguna incomprensión de quienes no entendían
nuestro espíritu al servicio de la Iglesia. Además de los que ya ejercen
ministerios, tenemos en formación un buen número de jóvenes que, si todos
perseveran, darán mucha gloria a Dios. Y, si no nos lo impidiera la carencia de
medios económicos, podría recibir las muchas vocaciones que nos piden de
España, de Polonia y de América. Con la ayuda de nuestra Madre, todo se irá
haciendo.
¿A qué medios económicos se
refiere?
Debemos mantener una Escuela Apostólica para la formación de las
vocaciones desde el comienzo. Pagar los estudios que preparan para la
universidad y seminarios, y mantener y formar a los futuros sacerdotes y
misioneros. Una formación que los haga un día apóstoles de los Sagrados
Corazones de Jesús y de María. Esto, a lo largo de años, supone muchos
millones. Por eso durante el viaje de vuelta del Perú, viendo allí la
posibilidad de tantas vocaciones como se me ofrecían, no hacía más que darle
vueltas a los caminos que he de transitar para cubrir todas las necesidades,
porque en general nuestras vocaciones son pobres y muy poco nos pueden ayudar
sus familias. Necesito becas anuales y becas perpetuas. Formar con ellas un
fondo vocacional que deseo llamar, Obispo José Guerra Campos.
Veo que cuando usted viaja no pierde
el tiempo.
Comprenda que tengo una gran responsabilidad sobre mis hombros. Además que
al volar a tanta altura y, en gran medida sobre el Atlántico, no se distrae uno
con el paisaje. De ida leí las vidas de Santa Rosa de Lima, San Juan Macías y
San Martín de Porres, los tres santos peruanos. Tuve después la dicha de
celebrar la santa Misa ante sus restos y así encomendarles el objetivo de mi
viaje. Y tanto a la ida como a la vuelta, no dejaba de impresionarme hasta la
emoción el recuerdo de que todo lo que yo realizaba con tanta comodidad y
facilidad, nuestros descubridores y misioneros, lo realizaron con innúmeros
trabajos hasta dejar la vida para que se ensanchara el Reino de Cristo. Ésa es
la mayor gloria de España, de la que somos nosotros herederos. Por eso estoy
seguro que, con la protección de María y de tantos santos, y la intercesión
del Obispo don José Guerra, llevaremos a término esta nueva empresa para que
el Señor sea más conocido y más amado.
Antonio Sáez
¿Cómo surgió para usted el proyecto del viaje?
Al recibir el P. Turú la invitación del señor Obispo de Huancavelica, de
ir a visitar su diócesis para estudiar las posibilidades de una cooperación
misionera por parte de los Misioneros de Cristo Rey, el mismo P. Turú me
sugirió que le acompañara para estudiar sobre el terreno el trabajo
apostólico de cooperación de mujeres de nuestra Asociación, la Unión Seglar,
y también para conocer las condiciones sanitarias en dispensarios de zonas más
abandonadas o difíciles. Como comprenderá acepté encantada, convencida de que
los seglares tenemos mucho que responder a lo retos del mundo actual. He
asistido a varios congresos de Medicina y reuniones profesionales de los temas
que me interesan, y le puedo decir que mi ida al Perú me ha dado más amplitud
de corazón y una visión profesional y apostólica mucho más dilatada, que la
de todos mis años de profesión médica, en constante contacto con el dolor
humano.
¿Qué lugares visitó en aquella nación?
Tras once horas de vuelo directo desde Madrid, aterrizamos en Lima, en el
aeropuerto de El Callao, en la costa del Pacífico. Lima es una ciudad enorme,
como tres o cuatro veces Barcelona, llena de movimiento. A algunos les parece un
tanto tumultuosa, pero tenga en cuenta que se trata de una población llena de
niños y juventud, que estalla de vitalidad en transportes y plazas, muy lejos
de nuestras ciudades europeas, donde predomina la tercera edad. Dos días
después viajamos a través de la cordillera andina hacia el sur de Perú,
visitando el distrito de Huancavelica. El señor Obispo Molloy fue tan atento
con nosotros que quiso acompañarnos por todo el territorio que ofrecía a los
futuros misioneros que pudiera enviarle el P. Turú. En su "todoterreno"
subíamos hasta más de 5.000 metros y bajábamos tranquilamente a nivel del mar
en una mañana. Monseñor Molloy, de origen irlandés, tiene una salud
formidable. Los misioneros que vayan, también tendrán que tener un corazón
robusto.
¿Qué impresión le ha causado todo?
Magnífica. La gente es muy receptiva, de corazón abierto. En la ciudad de
Huancavelica, la capital del distrito, me invitaban a quedarme para dirigir un
hospital que administran unas religiosas españolas, lo mismo que en Lima.
Trabajo no falta, y aunque carecen de la abundancia de medios que tenemos
nosotros, lo suplen con entrega y sin ahogarse ante las dificultades. Junto al
trabajo profesional está el apostólico. Me llamaban de muchos lugares para dar
catequesis a centenares de niños deseosos de aprender la doctrina cristiana.
Allí hay ocupación para todos, sacerdotes, médicos, enfermeras, maestros,
misioneros y misioneras, sin estorbos. Es una delicia.
Descontando Lima, la zona visitada por usted, ¿es la más necesitada?
No puedo decirlo porque quince días son pocos para formarse una idea de
toda una nación que es tres veces España. El nivel de vida en general es
inferior al nuestro, pero la gente es muy alegre y deseosa de las cosas de Dios.
En la diócesis de Huancavelica, que tendrá medio millón de habitantes, el 70
por cien tiene menos de 20 años. Hay zonas en que toda una generación, casi no
ha podido tener atención espiritual fija, aunque conservan una fe profunda, la
de los primeros misioneros. Hay mucha escasez de sacerdotes. Comprendo que el P.
Turú quiera establecer en aquellas tierras puestos de misión. También los
seglares debemos pensar en ir allá para colaborar con los sacerdotes, como
hacen otros muchos institutos religiosos.
¿Es común en Perú ese porcentaje tan alto de población joven?
El crecimiento demográfico en toda Hispanoamérica es enorme, pese a las
campañas dirigidas desde el norte anglosajón para detener el aumento de la
población. En el mismo Perú se han realizado miles de esterilizaciones,
incluso con el desconocimiento previo de las mujeres con motivo de un segundo o
tercer parto. Los obispos han sido muy valientes denunciando este crimen contra
la Ley de Dios, y el Gobierno ha frenado esta campaña nefasta, que ha llegado a
todas partes de Perú. En una pequeña población montañosa que visitamos, pude
retirar la propaganda anticonceptiva que llenaba las paredes del consultorio
médico, por cierto, con la conformidad del médico de guardia.
¿Qué problemas ha visto usted que requieren una acción más urgente?
Perú, como toda sociedad en pleno crecimiento y desarrollo, sobre todo en
las regiones que he visitado, necesita una red médica mejor estructurada, más
próxima a la población, con mejores vías de comunicación, que superen las
enormes dificultades de la orografía. Una carretera en los Andes ha de vencer
montañas de cinco mil metros y descender hasta valles profundos a mil metros,
lo mismo sucede con el ferrocarril. También son necesarias las mejoras en la
agricultura, formación profesional... y un largo etcétera. Pero, sin duda
alguna, lo más importante es la tarea misionera. Se necesitan verdaderos
misioneros que formen sacerdotes del lugar. Donde hay sacerdotes no entran las
malas ideologías ni las sectas.
¿Hay mucha presencia de sectas?
Trabajan enormemente con el dinero que les llega de Norteamérica. Pero,
como le digo, si en aquella zona hay un buen sacerdote o un grupo de misioneros
y catequistas seglares, bien formados, no tienen nada que hacer. El pueblo no se
deja engañar con sus mentiras.
La veo con ganas de ir a vivir allí su vida cristiana.
Mi vida como médico está ya marcada. Lo que sí le diré es que me voy a
sentir muy unida a los Misioneros de Cristo Rey que vayan a misionar aquellas
tierras. Van a conseguir mucho fruto. Todos debemos contribuir con muestras
oraciones y sacrificios económicos a que esta misión sea el comienzo de una
gran misión apostólica de todos los lectores de AVE MARÍA y de la Unión
Seglar a la que pertenezco. Podemos ser misioneros ya, desde ahora mismo. Ésta
es mi ilusión hoy por hoy, constituir una fuerte retaguardia misionera.
Antonio Sáez
En los demás casos lo más indicado
es ponerse en contacto con el P. Superior de la Sociedad Misionera. Tel. 937
153 408
Debe advertirse que cualquiera que sea la cuantía de las limosnas
entregadas para el Fondo Misionero José Guerra Campos, tienen una
desgravación de un 20% en la declaración de la renta.; por otro lado los
legados, herencias... etc, están exentos del Impuesto de Trasmisiones
Patrimoniales.
En cada caso, además del recibo justificante de las distintas aportaciones,
se entregará al donante la credencial que acredita su pertenencia como
bienhechor del Fondo Misionero José Guerra Campos
|
Contribuir
a la formación de sacerdotes, forjados como lo han hecho los grandes
formadores de sacerdotes, como lo quiere el Papa, |
A las declaraciones que en el mes de mayo tuvo la gentileza de hacer a AVE MARÍA el P. Antonio Turú, Superior de los misioneros de Cristo Rey, se han unido en el mes de junio las que ha hecho la doctora Maria del Carmen Fuentes que le acompañó en su viaje apostólico. Estoy seguro de que todos los lectores de AVE MARÍA habrán sentido un movimiento de simpatía hacia esa nueva misión que se abre al celo misionero de esta joven institución religiosa, con ansias de acudir a la llamada de la Iglesia, "donde sea más arduo el trabajo apostólico y más necesaria la predicación evangélica por la carencia de sacerdotes", como dicen sus Reglas.
Aquella gran región del Perú, con doscientos mil habitantes, y sin sacerdotes, es un grito al alma misionera siempre presente en todo buen hijo de la Iglesia católica. El Papa, en la fiesta de Pentecostés, abrumado por la solicitud que le embarga hacia todo el mundo necesitado de una nueva evangelización, ha vuelto a insistir en que la Iglesia es esencialmente misionera y que el mundo entero es su misión. También AVE MARÍA es y quiere ser misionera. La Virgen Santísima, Madre de la Iglesia, tiene millares de hijos que ni la conocen, ni conocen a su divino Hijo.
Por esa razón, AVE MARÍA siente como propia la nueva misión abierta a los Misioneros de Cristo Rey. Es conmovedora la fotografía del obispo don Demetrio Molloy con los brazos abiertos suplicando sacerdotes para su diócesis. El "sí" de los misioneros de Cristo Rey tendrá en retaguardia el "sí" de AVE MARÍA y sus lectores, de una forma muy sencilla. Podemos entre todos nutrir el "Fondo misionero de vocaciones Obispo Guerra Campos" que financiará con becas perpetuas y anuales la formación de los apóstoles de estos últimos tiempos. Ahora mismo se están formando en su casa de formación varios jóvenes. Otros no pueden ser admitidos por la carencia de medios económicos, y otros más vendrán de la nueva misión, para que una vez formados quede bien implantada la Iglesia en aquella región con sacerdotes nativos.
Han empezado a llegar limosnas para ese objeto. Me remito a otro lugar de la Revista para señalar con claridad el camino de las aportaciones de todos. Ahora sólo os pido oración misionera y generosidad.
Por Cristo, por María, por la nueva misión y sus misioneros, más, más, más.
AL HABLA EL P. JAVIER ANDRÉS Y EL P. IGNACIO BORRULL, MISIONEROS DE CRISTO REY
El pasado 14 de mayo tomaron el avión rumbo a Perú donde don Demetrio Molloy, obispo de Huancavelica, les salió a recibir con los brazos abiertos. Y allá están estos dos jóvenes misioneros trabajando por el Reino de Cristo al sur de la diócesis de Huancavelica con el único empeño de "instaurare omnia in Christo". Momentos antes de partir, los dos misioneros hicieron unas declaraciones para nuestra revista, de la cual son fieles colaboradores y lectores.
Padre Ignacio, hace unos meses leíamos en la revista Ave María una
entrevista a su superior, el padre Antonio Turú, en la que se nos narraba cómo
don Demetrio Molloy solicitaba a la Sociedad Misionera para trabajar en el sur
de su diócesis. ¿Cómo lo veía usted entonces y cómo lo ve ahora que tiene
una maleta en una mano y una cruz misionera en la otra?
Entonces lo vi como una inmensa gracia de Dios para con nosotros. Hoy lo veo
igual y no ceso de pensar que Dios nos quiere mucho al ofrecernos ese don de
poder extender su Reino a todos los hombres. Solamente le pido que nos haga
instrumentos propicios para no entorpecer sus planes. Y estoy seguro que lo
hará como lo ha hecho hasta ahora. Por nuestra parte, solamente nos resta
prestarle los cinco panes y los dos peces para que Él pueda dar de comer a
tanto hambriento de Dios.
¿No le arredra la misión? Parece que es difícil.
No, no me da miedo. Es cierto que no es fácil, pues aquellas gentes llevan sin
ver a un sacerdote más de 20 años. Viven en pobreza y llenos de
supersticiones. Pero cosas peores se han visto en la historia de la Iglesia y
Dios ha salido triunfante. La sangre del Señor no fue derramada en vano desde
la cruz, y lo que Él riega siempre fructifica. Además, sabemos que todas
aquellas gentes tienen Madre y esa Madre no abandona jamás a sus hijos.
¿Qué sintió, padre Javier, cuando el señor obispo le entregaba la cruz
de misionero, el pasado 19 de abril?
Una inmensa alegría. Veía que Dios cumplía su palabra. Cuando cruzaba la
adolescencia, sentí la llamada de Dios dentro de mi corazón con una voz fuerte
que hizo vibrar todo mi ser. Cuando oí la voz de don Ramón que me llamaba ante
sí, todo mi ser se colmaba de gozo. Me sentía como el asnillo del Domingo de
Ramos que llevaba sobre su lomo al Señor a quien aclamaba la gente: ¡Hossana
al Hijo de David! Me sentía como el hombre de Cirene que ayudó al Señor a
llevar la cruz... Pero, sin duda, era Cristo quien consolaba a las mujeres,
quien tenía sed, quien abría el paraíso al ladrón arrepentido, quien nos
daba una Madre, quien imploraba a su Padre: "Perdónales porque no saben lo
que hacen".
Háblenos de su nueva misión: ¿Qué saben de ella?
Vamos a la diócesis de Huancavelica que se encuentra en plena sierra sur
central del Perú. La extensión de la diócesis es de unos 21.000 km2 y cuenta
con unos 420.000 habitantes. Al sur de esta diócesis se encuentra Huaytará,
ciudad donde tendremos nuestra residencia. Los lugareños la llaman la
"ciudad de la eterna primavera", porque su altitud no sobrepasa los
2.200 metros. Es una población que guarda muchos recuerdos de la civilización
inca. No en vano, los amantes de la arqueología la han llamado el "Machu
Picchu" de Huaytará. Nuestra iglesia parroquial está asentada sobre los
muros de una edificación inca. Además, aquella zona fue muy trabajada por los
españoles de los siglos XVI-XVII al encontrar allí unos yacimientos de
mercurio muy ricos. La provincia de Huaytará, nuestra provincia, tiene una
extensión de 6.500 km2 y cuenta con unos 25.000 habitantes. En esta provincia
se encuentran los otros dos pueblos grandes que nos ha confiado el señor
obispo: Córdoba y Santiago de Chocorvos.
Y con esas perspectivas, ¿ya saben por donde empezar?
Sí, por el sagrario.
¿Por el sagrario?
Don José Guerra Campos, el santo obispo que tuvo a bien erigir nuestra Sociedad
Misionera y en cuyo seno entregó su alma a Dios, nos decía que se ganan más
almas a los pies del sagrario que en la conversación diaria. Y no se
equivocaba. Bien sabía don José que "antes de hablar a los hombres de
Dios, hay que hablar a Dios de los hombres". La madre Teresa de Calcuta lo
ha afirmado en casi todas sus entrevistas. Después de unas horas ante el
Señor, se puede atender a los enfermos y hablarles de Dios. Esa será pues,
nuestra primera labor. La segunda será acercarles al Señor y para eso sólo
existen dos medios: los sacramentos y la predicación, el contacto directo con
Jesucristo y la explicación de su doctrina. Y la tercera: todas las actividades
caritativas que se nos ocurran.
Por eso, porque estimamos mucho el poder de la oración pedimos a todos los
subscriptores de la revista que desde su sagrario nos ayuden a ser verdaderos
instrumentos del Corazón de Jesús en las tierras del Perú y para que aquellas
almas no desprecien el don de Dios y su divina misericordia, que sepan encontrar
en María Santísima a su Madre y hacer en su corazón un trono donde reine
nuestro Señor Sacramentado.
Cuenten con nuestras oraciones, padre Javier y padre Ignacio. Ustedes allí, en la palestra; nosotros aquí, ante el sagrario: todos misioneros de Cristo Rey.
Antonio Sáez